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Paul Krugman Premio Nobel de Economía y columnista para The New York Times se refirió en su último trabajo al posible final de la industria de las criptomonedas (Getty Images)
Paul Krugman Premio Nobel de Economía y columnista para The New York Times se refirió en su último trabajo al posible final de la industria de las criptomonedas (Getty Images)

El economista Paul Krugman cree que una de las industrias más rutilantes de los últimos años podría estar a las puertas de su final. Lo planteó en su columna habitual en el diario The New York Times con el título “¿Este es el fin de la criptoindustria?”. Para el Premio Nobel de Economía 2008, el sector debería regularse pero ni siquiera en ese escenario parecería que pudiera sobrevivir al actual derrumbe.

Eventos recientes han hecho evidente la necesidad de regular a la criptoindustria”, dice Krugman y agrega: “Creció de la nada hasta alcanzar una capitalización de mercado de 3 billones de dólares hace un año, aunque la mayor parte de ese valor ya se evaporó. El problema es que también parece probable que esta industria no logre sobrevivir la regulación”.

Krugman recuerda que el furor por este tipo de monedas virtuales tuvo su pico máximo en 2021 cuando el Bitcoin, la más famosa de ellas, alcanzó los 60 mil dólares. Hoy, esa cotización ronda los 17 mil. El desplome no fue exclusivo de esa denominación, sino de todas las que componen las particulares billeteras digitales. Además, rememora un comercial que protagonizó entonces el actor Matt Damon para crypto.com. “Las personas que compraron la criptomoneda después de ver el anuncio de Damon han perdido más del 70 por ciento de su inversión. De hecho, como la mayoría de las personas que compraron bitcoines lo hicieron cuando el precio era alto, la mayoría de las personas que invirtieron en bitcoines han perdido dinero hasta ahora”, señala el profesor de la prestigiosa Universidad de Princeton.

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Más revelador que los precios ha sido el derrumbe de las instituciones de la criptoindustria”, explica Krugman. “La más reciente, FTX, una de las mayores casas de cambio, anunció declararse en quiebra y, al parecer, quienes la operaban sencillamente huyeron con miles de millones de dólares de los inversionistas, fondos que quizá utilizaron para intentar apuntalar, sin éxito, a Alameda Research, empresa perteneciente al mismo grupo”.

En sus inicios, remarca el académico, “la idea era que contar con fichas electrónicas cuya validez se establecía con técnicas derivadas de la criptografía les daría a las personas la posibilidad de no utilizar instituciones financieras. Para transferirle fondos a alguien más, bastaría con enviarle un número -una clave-, sin tener que confiar en Citigroup o Santander para registrar la transacción”. Sin embargo, el misterio para Krugman radicaba en saber con “exactitud por qué alguien más que un delincuente querría hacer algo así”.

FOTO DE ARCHIVO: El fundador de FTX, Sam Bankman-Fried, posa para una foto, en un lugar no especificado el 5 de julio de 2022 (Reuters)
FOTO DE ARCHIVO: El fundador de FTX, Sam Bankman-Fried, posa para una foto, en un lugar no especificado el 5 de julio de 2022 (Reuters) (FTX/)

De cualquier forma, la idea de un sistema monetario que no estuviera basado en la confianza en las instituciones financieras era interesante y podría decirse que valía la pena intentar llevarla a la práctica”, indica Krugman. Pero para el renombrado economista, “después de 14 años, las criptomonedas casi no han logrado ningún avance en su objetivo de adoptar el papel tradicional del dinero”. Dice: “Son demasiado peculiares para poder utilizarlas en transacciones ordinarias. Su valor es muy inestable. De hecho, relativamente pocos inversionistas están siquiera dispuestos a guardar sus claves criptográficas, pues el riesgo de perderlas, por ejemplo, si las guardan en un disco duro que termina en un vertedero, es muy grande”.

Pero hay algo contradictorio, además, en la actual industria que decía venía a reemplazar a la ya tradicional. “En su evolución, el ecosistema de las criptomonedas se ha convertido exactamente en aquello que supuestamente quería remplazar: un sistema de intermediarios financieros cuya capacidad de operar depende de la confianza que proyecten”. Eso eran FTX y Coinbase. “Estas casas de cambio no son nada menos que -atención- instituciones financieras, cuya habilidad de atraer inversionistas depende nada menos que -de nuevo, atención- de la confianza de esos inversionistas”.

“Peor aún, la confianza en las instituciones financieras convencionales se basa en parte en la validación del ‘tío Sam’: el gobierno supervisa a los bancos, regula los riesgos que pueden tomar y garantiza muchos depósitos”, subraya Krugman y aclara: “en cambio, las criptomonedas operan prácticamente sin ninguna supervisión. Por eso, los inversionistas dependen de la honestidad y competencia de los empresarios”.

Por último, el Premio Nobel de Economía dice: “Como a los partidarios les encanta recordarnos, las predicciones anteriores sobre el fracaso inminente de las criptomonedas han sido erróneas. De hecho, que los bitcoines y sus monedas rivales no puedan utilizarse en realidad como dinero no quiere decir que no tengan ningún valor; después de todo, podría decirse lo mismo del oro”.

Sin embargo, concluye: “Pero si el gobierno por fin se decide a regular a las firmas de la criptoindustria, lo que, entre otras cosas, les impediría prometer rendimientos imposibles de obtener, es difícil identificar alguna ventaja que puedan ofrecer en comparación con los bancos ordinarios. Incluso si el valor del Bitcoin no cae hasta cero (cosa que todavía podría ocurrir), hay muchos motivos para esperar que la criptoindustria, que lucía tan imponente hace apenas unos meses, termine en el olvido”.